Cuando un móvil o una lavadora se estropea, la pregunta habitual es cuánto costaría uno nuevo, no cuánto costaría arreglarlo. No es casualidad: reparar suele ser más difícil, más lento y a veces más caro de lo que debería. Europa ha intentado cambiarlo con una directiva, y conviene entender hasta dónde llega.
Qué dice la directiva
La Directiva (UE) 2024/1799 fija normas comunes para fomentar la reparación de bienes. Según su texto en EUR-Lex:
- El fabricante debe reparar a petición del consumidor los productos sujetos a requisitos de reparabilidad, de forma gratuita o a un precio razonable y en un plazo razonable. Si no es posible, puede ofrecer un producto reacondicionado.
- No se pueden poner trabas a reparar: no valen cláusulas contractuales ni técnicas de software o hardware que lo impidan, salvo por motivos legítimos y objetivos. Tampoco pueden impedir el uso de piezas compatibles, de segunda mano o impresas en 3D.
- No se puede negar la reparación solo porque otro reparador haya intervenido antes.
- Las piezas y herramientas deben ofrecerse a un precio razonable que no disuada de reparar.
- La garantía se amplía 12 meses cuando el bien se repara dentro del plazo de garantía legal, una sola vez.
Lo que no resuelve
«Precio razonable» no es «gratis». Fuera de garantía, la reparación se paga, y la ley no fija una cifra. Si arreglar cuesta casi lo mismo que comprar nuevo, mucha gente seguirá comprando. Tampoco obliga a que todos los productos sean fáciles de abrir: los requisitos de reparabilidad se aplican a las categorías que se vayan incluyendo.
Además, los plazos importan. La propia directiva escalona fechas: el 31 de julio de 2026 para comunicar sanciones y puntos de contacto, y el 31 de julio de 2027 para la plataforma europea en línea de reparación. La modificación de la garantía afecta a los contratos de compraventa firmados a partir del 31 de julio de 2026. Cómo se ha trasladado a la ley española es algo que las fuentes consultadas no aclaran de forma fiable, así que conviene comprobarlo en el BOE.
Una pregunta para cada uno
Más allá de la ley, hay una reflexión personal. ¿Cuántas cosas que has tirado en los últimos años podían arreglarse? ¿Tenías a quién llevarlas? ¿Sabías que se podía? La ley puede obligar a que existan piezas y reparadores, pero el hábito de pensar «esto se puede arreglar» lo tenemos que cambiar nosotros.
Y no es solo un asunto de residuos: un aparato que dura más cuesta menos por año de uso.